Hacen ya varios años, me diagnosticaron cáncer. Este era poco común y no se veía a simple vista, pero un especialista palpó detrás de mi lengua y sintió algo, justo donde venía presentando ciertas molestias. Con la ayuda de la tomografía (PET) se confirmó el diagnóstico.
En seguida, hicimos cita con el oncólogo y allí me mostraron la imagen del tumor, era de naturaleza viral, así que el doctor, muy optimista, me informó que con quimio y radiaciones dicho tumor iba a desaparecer. Recuerdo que cuando fui a buscar las medicinas para el efecto de la quimio y también para calmar el dolor, mi mesita de noche parecía una farmacia.
Por gracia de Dios, desde el inicio de las quimioterapias, aunque me sentí frágil y experimentaba los síntomas del tratamiento, asumí ese proceso con mucha fe y oración, pues sabía que Dios estaba conmigo; contaba además con la ayuda y el soporte de mi familia.
Luego de las radiaciones, se me afectó la voz y como ya no podía hablar, tenía que escribir en una libreta o hacerlo de forma digital para poder comunicarme.
Después de un año de tratamiento, siempre aferrada a mi fe en Dios y a la oración, el resultado del PETscan dio negativo, libre de cáncer. Ahí sentí que el Señor me estaba otorgando una nueva oportunidad; por lo que, a Dios, a la ciencia dirigida por Él y a todos mis seres queridos llegue mi gratitud por siempre.
– A. Amell de Creus
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