En la familia primero, por Salvador Gómez

noviembre 1, 2026

Saludo a todo el pueblo dominicano, especialmente a los que salen a dar el testimonio de amor y de fe dando “UN PASO POR SU FAMILIA” ya que la familia es primero, y a todas las familias en las distintas partes del mundo.

“Los anhelos de vida, de paz, de fraternidad y de felicidad… la lucha por la vida, la dignidad y la integridad de la persona humana… estos valores comienzan en la familia” (Aparecida #468).

Cuando Jesús liberó al endemoniado de Gerasa, ese hombre al verse libre deseaba ir con Jesús, pero Jesús no se lo permitió, más bien le dijo: “Vete a tu casa entre los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti” (Mc 5, 19).

Cuando sanó al ciego de Betsaida, Jesús le envió a su casa diciéndole: “Ni siquiera entres a tu pueblo” (Mc 8,26).

¿Por qué Jesús, a los que habían recibido un milagro, los enviaba primero a su casa? Porque la familia es el lugar donde nos han aceptado con todas nuestras limitaciones, enfermedades, defectos y pecados; por esa razón, deben ser también los primeros en ver y constatar el milagro, el verdadero cambio que Dios ha hecho en nuestra vida.

Es fácil dar testimonio en el grupo de oración o a otras personas que no viven con nosotros, pero en la familia están los testigos que pueden decir: “Nosotros sabemos que su testimonio es verdadero” (Jn 21, 24).

Además, la familia es el primer lugar donde debemos y podemos poner en práctica las palabras de Jesús que nos dijo: “Si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros, porque les he dado ejemplo para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes” (Jn 13, 14-15). La familia es el primer campo de acción para amar y servir como nos enseñó Jesús.

San Pablo nos recuerda tres razones por las que debemos hacer de la familia nuestra prioridad:

1. PORQUE ESO AGRADA A DIOS.
Si una viuda tiene hijos o nietos, que aprendan estos primero a practicar los deberes de la piedad para con los de su propia familia y a corresponder a sus progenitores, porque esto es agradable a Dios” (1 Tim 5, 4).

Si queremos agradar a Dios comencemos por agradar a nuestra familia: la caridad, la empatía y la solidaridad comienzan en la casa.

2. PARA NO SER PEOR QUE LOS INFIELES.
“Si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de su familia, ha renegado de la fe y es peor que un infiel” (1 Tim 5, 8).

Los infieles actúan mal por ignorancia, por falta de fe, por falta de luz; pero nosotros, los que asistimos a la Iglesia, cuando maltratamos a las mujeres, a los niños y a los ancianos de nuestras familias lo hacemos porque tenemos un corazón duro; porque despreciamos la gracia de Dios y no nos importa que hablen mal de nuestra Iglesia.

3. PARA NO DAR LUGAR AL DIABLO.
Los esposos “No se nieguen el uno al otro sino de mutuo acuerdo y por cierto tiempo para darse a la oración, luego vuelvan a estar juntos para que Satanás no los tiente por su incontinencia” (1 Co 7, 5.).

Y a las viudas jóvenes les dice: “Quiero que las jóvenes se casen, que tengan hijos y gobiernen la propia casa y no den al adversario ningún motivo de hablar mal; pues ya algunas se han extraviado yendo en pos de Satanás” (1 Tim 5, 14-15).
Cuando nos alejamos voluntariamente de la familia y cuando, teniendo la oportunidad de estar juntos, preferimos ausentarnos ya sea, aislándonos en la tecnología o inventando excusas para estar más tiempo fuera de la casa, nos estamos exponiendo a los ataques del enemigo y a las tentaciones de la cultura del placer en la que vivimos.

Si en este momento te enfermaras o tuvieras un accidente de tránsito ¿Quiénes crees que estarían a tu lado para acompañarte, cuidarte y ayudarte?

¿Por qué esperar que sea el dolor el que nos una si podemos ahora decidir estar unidos por el amor?

Por estas y muchas razones más hagamos lo que de nosotros depende para pasar más tiempo con la familia, que en definitiva son las personas que más nos aman y a las que nosotros deberíamos amar.

Por eso y por mucho más salgamos a caminar juntos y muy felices dando: “Un paso por la familia”.

 

– Salvador Gómez

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