¡La esperanza no defrauda!

noviembre 1, 2026

El 25 de junio de 2025, nuestra madre, Silene Rodríguez de Díaz, fue intervenida de emergencia debido a una obstrucción intestinal severa que puso en riesgo su vida. Tras serias complicaciones, gran parte de sus órganos se vieron comprometidos y fue trasladada a UCI durante 12 días, en un centro de salud de Santo Domingo, República Dominicana.
De acuerdo al diagnóstico médico, ella presentó un derrame pleural, una peritonitis, una falla cardíaca y una parálisis intestinal que le impedía alimentarse por vía oral; teniendo que recibir alimentación parenteral. Su evolución era muy lenta e impredecible. En ese momento, no sabíamos lo que podía pasar. Sin embargo, en lugar de desesperarnos, decidimos esperar en Dios y confiar plenamente en Él.

Desde su ingreso al centro de salud, habían transcurridos ya unos 43 días, en los cuales había sido sometida a 4 cirugías. Estos fueron días de oración, silencio y abandono total a la voluntad de Dios. Asimismo, en los momentos más difíciles, donde parecía que ya no había salida, era cuando más reforzábamos la oración. Nuestra fe estaba siendo probada; pero, sobre todo, fortalecida.

Hubo noches en las que, entre lágrimas y tomados de la mano como familia alrededor de nuestra madre, alabábamos al Señor y dábamos gracias por la obra que sabíamos que Él estaba haciendo en ella; aunque nuestros ojos aún no pudieran verla.

Lo más hermoso fue que, en medio de ese largo y difícil proceso, nuestra madre no se quejaba, sino que lo ofrecía todo al Señor con una sonrisa en los labios y con una fortaleza que solo Dios puede dar. Entonces nos dijo:

“Pude descubrir que hay un propósito oculto detrás de cada prueba, que nos ayuda a sobrellevar el sufrimiento de cada día con fe y esperanza”.

“Cuando vives en Él, puedes tener una paz tangible en medio de la tormenta. Experimentas una fuerza interior que no viene de ti. Tu cuerpo cansado, agotado, enfermo… pero es mucho más fuerte Él, quien te sostiene”.

Luego de esas 6 semanas ingresada en la clínica, el Señor la levantó de esa cama y le dio una nueva oportunidad. Hoy nuestra guerrera se encuentra sana y feliz, gracias a la misericordia de Dios, a las oraciones de tantos hermanos y al excelente trabajo de los especialistas que cuidaron de ella día y noche, como si fuera su propia madre.

Ella sigue evangelizándonos a todos con su alegría y su fe contagiosa. Viviendo cada día agradecida de Dios por el gran milagro de la vida.

Como familia queremos dar gracias a nuestro Padre Celestial por su fidelidad y su misericordia. Gracias Señor, porque a través del testimonio de nuestra madre, hoy nos recuerdas -una vez más- que: “La esperanza no defrauda”.

 

Con amor,
– Familia Díaz Rodríguez.

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