VÍSPERAS

septiembre 16, 2025

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Himno: ESPÍRITUS SUBLIMES.

 

Espíritus sublimes,

¡oh mártires gloriosos!,

felices moradores

de la inmortal Sión,

rogad por los que luchan

en las batallas recias,

que alcancen la victoria

y eterno galardón.

 

¡Oh mártires gloriosos

de rojas vestiduras,

que brillan con eternos

fulgores ante Dios!

Con vuestro riego crezca

de Cristo la semilla,

y el campo de las mieses

se cubra ya en sazón. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant 1. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

 

Salmo 136, 1-6 – JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA.

 

Junto a los canales de Babilonia

nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;

en los sauces de sus orillas

colgábamos nuestras cítaras.

 

Allí los que nos deportaron

nos invitaban a cantar;

nuestros opresores, a divertirlos:

«Cantadnos un cantar de Sión.»

 

¡Cómo cantar un cántico del Señor

en tierra extranjera!

Si me olvido de ti, Jerusalén,

que se me paralice la mano derecha;

 

que se me pegue la lengua al paladar

si no me acuerdo de ti,

si no pongo a Jerusalén

en la cumbre de mis alegrías.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

 

Ant 2. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

 

Salmo 137 – HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;

delante de los ángeles tañeré para ti,

me postraré hacia tu santuario,

daré gracias a tu nombre;

 

por tu misericordia y tu lealtad,

porque tu promesa supera a tu fama;

cuando te invoqué, me escuchaste,

acreciste el valor en mi alma.

 

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra

al escuchar el oráculo de tu boca;

canten los caminos del Señor,

porque la gloria del Señor es grande.

 

El Señor es sublime, se fija en el humilde,

y de lejos conoce al soberbio.

 

Cuando camino entre peligros,

me conservas la vida;

extiendes tu izquierda contra la ira de mi enemigo,

y tu derecha me salva.

 

El Señor completará sus favores conmigo:

Señor, tu misericordia es eterna,

no abandones la obra de tus manos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

 

Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

 

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

 

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,

el honor y el poder,

porque tú has creado el universo;

porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado

y por tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios

un reino de sacerdotes

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,

la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

 

LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14

 

Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuándo se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

 

RESPONSORIO BREVE

 

V. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

 

V. Aclamadlo, los rectos de corazón.

R. Y gozad con el Señor.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. ¡Oh Iglesia, madre nuestra, cuán dichosa eres, ennoblecida con la sangre gloriosa de los mártires de Cristo!

 

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de su misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. ¡Oh Iglesia, madre nuestra, cuán dichosa eres, ennoblecida con la sangre gloriosa de los mártires de Cristo!

 

PRECES

 

En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo:

 

Te glorificamos, Señor.

 

Te damos gracias, Señor, principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.

 

Te damos gracias, Señor, porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos y les das parte en los premios de tu reino.

 

Te damos gracias, Señor, porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, la sangre de la alianza nueva y eterna.

 

Te damos gracias, Señor, porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres

 

Te damos gracias, Señor, porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.

 

Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:

 

Padre nuestro…

 

ORACION

 

Señor, tú que en los santos Cornelio y Cipriano diste a tu pueblo pastores llenos de celo y mártires victoriosos, concédenos por su valiosa intercesión, ser firmes e invencibles en la fe y trabajar con verdadero empeño por lograr la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

CONCLUSIÓN

 

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

 

 

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